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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Empate Monumental

Torneo Clausura 1997 – Fecha 6  – 23 de marzo de 1997
River Plate 3 – Boca Juniors 3
Villalba anota el descuento












El Antonio Vespucio Liberti fue el escenario del superclásico número 164 de la historia, cargado de emotividad e incertidumbre hasta el último minuto.

Durante un tarde soleada, los equipos salieron al terreno de juego, mientras en las tribunas se vivía una fiesta. Toda la capacidad del estadio estaba colmada. River era el último campeón y quería revalidar el título. Boca pasaba por una larga sequía y dependía de una victoria en el superclásico para salvar su pobre imagen.

Los 22 protagonistas, con el arbitraje de Javier Castrilli, fueron:

River Plate: Bonano; Lombardi, Ayala, Berizzo, Altamirano; Monserrat, Astrada, Berti; Escudero; Solari y Francéscoli. Director Técnico: Ramón Díaz.

Boca Juniors: Guzmán; Toresani, Traverso, Fabbri, Arruabarrena; Riquelme, Peralta, Cedrés; Pompei; Latorre y Martínez. Director Técnico: Héctor Veira.

El partido no podía empezar peor. A medida que se apagaba la tarde, al Millo se le venía la noche. En una ráfaga de doce minutos, la visita se ponía en ventaja por dos goles. A los cinco Gabriel Cedrés y a los 17 Sergio Martínez, ponían un resultado sorprendente y que presagiaba un domingo largo y negro para el pueblo riverplatense.

Como si eso fuera poco, el juez cobró un penal para los xeneizes a los 22, cuya ejecución debió repetirse por invasión de zona. El ejecutante fue Roberto Pompei, que concretó en primer término, pero su tocayo Bonano contuvo en la repetición y le dio vida al club de la banda roja.

Lejos de aprovechar el envión anímico que podría haber inyectado esa acción, siete minutos después, otra vez el Manteca vencía al portero local y estampaba un durísimo 0-3 que parecía imposible de remontar.

Cerca de la finalización del primer tiempo, llegaría la bocanada de oxígeno que daría vida a un River que parecía derrotado. Sergio Berti logró quitarse la marca de dos hombres, y al entrar al área definió con un zurdazo cruzado, ante la floja respuesta del uno xeneize, para poner el descuento antes del descanso.

El complemento comenzó con la nota color que faltaba. Eduardo Berizzo vio la tarjeta roja por doble amonestación a los tres minutos, quedando el local con un hombre menos. Pero 22 minutos después, sería el goleador xeneize el que vería la segunda amarilla y sufriría la consecuente expulsión, emparejando el número de jugadores en el campo.

El tiempo pasaba y el Millonario, con desorden, buscaba acorralar a su rival, mientras éste desperdiciaba una contra tras otra. Así, a los 32 minutos, Leonel Gancedo envió un pase preciso para el pique al vacío de Facundo Villalba. El Luigi le ganó en velocidad a la defensa auriazul, y cuando le salió el arquero se la tocó por encima del cuerpo. Néstor Fabbri, que vio como la pelota ingresaba al arco mientras se barría para tratar de evitarlo, nada pudo hacer, y a falta de trece minutos, el Millo se ponía a tiro del empate.

Un remate del autor del descuento en el palo parecía apagar todas las esperanzas de una posible igualdad, pero cuando el partido se moría, a los 42 minutos, la Bruja ejecutó un tiro de esquina que voló cerca del punto penal. Allí se elevó, más alto que todos, Celso Ayala, ganándole a la marca e impactando el balón con un furibundo cabezazo que se detuvo cuando chocó con la red del arco de Sandro Guzmán, que había quedado a mitad de camino. Empate y delirio.

Todavía había tiempo para más. A los 43, Cedrés se iría expulsado y con el tiempo cumplido, el Pipa tuvo la oportunidad de darle los tres puntos a River, pero su remate, dentro del área, se fue apenas por encima del travesaño y los equipos quedaron igualados en el marcador.

El resultado le permitía al Millonario seguir peleando el campeonato, que finalmente ganaría, y mantener el invicto que perdería en le fecha diez con Estudiantes; mientras el xeneize seguiría sumido en el ostracismo, navegando en la mitad de la tabla de posiciones y sin poder salvar el año.

La Máquina Millonaria en Facebook: https://www.facebook.com/LaMaquinaMillonariaRiverPlate?ref=hl

jueves, 21 de marzo de 2013

Vaselina

La pelota viaja a la red, ellos miran















El 10 de marzo de 2002 se jugó la fecha seis del torneo clausura de ese año y, en la Bombonera, se disputó el superclásico número 174 de la era profesional.

River llegaba invicto, con cuatro victorias, un empate y 16 goles a favor. Boca no había perdido en el campeonato, producto de dos triunfos y tres pardas. Para el local era la oportunidad de acortar distancias con el puntero y, para el “Millonario”, la posibilidad de alejar definitivamente a su eterno rival de los puestos de vanguardia, con el agregado de poder cortar una racha de más de siete años sin victorias en el riachuelo.

Los equipos salieron al campo de juego con:

BOCA JUNIORS: Abbondancieri; J.M.Calvo, Burdisso, Crosa, C.Rodríguez; Battaglia(Giménez),Traverso, Serna, Gaitán(Carreño); Gmo.Barros Schelotto, Delgado. Director Técnico: Oscar Tavarez.

RIVER PLATE: Comizzo; Garcé, C.Ayala, Rojas; Coudet(Husaín), Ledesma(Pereyra), Cambiasso, Zapata(Demichelis), D'Alessandro; Ortega, Cavenaghi. Director Técnico: Ramón Díaz.

Fue un partido con muchas ocasiones de gol para ambos bandos, por momentos de ida y vuelta, con Ariel Ortega y Andrés D’Alessandro inspiradísimos y un Eduardo Coudet imparable por la banda.

Como siempre que juega River, la tribuna visitante estaba pintada de rojo y blanco, a pesar de la lluvia no cabía un alfiler y los cantos se escuchaban desde Núñez. Ese sonido ensordecedor se cambió por un alarido de gol cuando, a los 26 minutos del primer tiempo, Esteban Cambiasso abrió el marcador. El “Millo” se ponía en ventaja y Boca no sabía cómo hacer para detener el vendaval.

Faltando poco para la finalización de la primera etapa, una jugada que nació por la izquierda con Victor Zapata, buscó a Ortega; el “Burro” la metió en el área, donde la recibió D’Alessandro, quién hizo un pase más para habilitar a Coudet. El “Chacho” llegó libre cerca del área chica y con un remate cruzado venció la resistencia de Abbondanzieri, que parado en el primer palo, no pudo hacer nada para evitar una nueva caída de su valla.

El segundo tiempo empezaba con el local buscando descontar por todos los medios y el “Millonario” esperando para, de contra, ampliar la ventaja en el marcador. La impericia de los hombres “xeneizes” y la seguridad defensiva del equipo de Ramón Díaz, impidieron que Ángel Comizzo tuviera que ir a buscar la pelota dentro de su arco. De hecho, de contragolpe, el “Torito” tuvo la posibilidad de ampliar la ventaja, pero su definición pegó en el palo cuando Abbondanzieri había quedado en el camino.

Así transcurrió el complemento, aunque todavía faltaba la sorpresa de la jornada. En el minuto 43 de ese período, bajo una intensa lluvia, Ricardo Rojas recuperó la pelota en la zona defensiva “Millonaria”, aguantó una patada desde atrás de Carreño y siguió con su carrera hacia la mitad de cancha, siempre por el lateral izquierdo; antes de cruzar el límite de lo desconocido, descargó con D’Alessandro, que tenía dos hombres encima, éste encaró hacia la izquierda y Rojas, lejos de intimidarse, se lanzó a la aventura. El “Cabezón” tocó rápidamente para Cavenaghi, ubicado sobre la línea lateral, que, antes de recibir, ya había visto al nacionalizado paraguayo corriendo por detrás del joven zurdo “Millonario”. “Cavegol” descargó rápidamente hacia donde se encontraba el guaraní, que la dejó picar y con un suave toque esquivó la marca del último hombre rival. En ese instante, Abbondanzieri comenzó a salir para achicar el ángulo de remate y, en ese mismo momento, el “paragua” ejecutó  una maniobra que sorprendió a propios y extraños. En un segundo de lucidez, impactó el balón enterrando el empeine debajo del mismo, éste describió una parábola perfecta que dejó al uno local parado en la línea del área chica, viendo como la número cinco le pasaba por encima de la cabeza, sin poder hacer absolutamente nada, y se estrellaba contra el fondo del arco. El misionero había practicado una exquisita vaselina para convertir su primer y único gol en el fútbol argentino que decretaba un contundente 3 a 0 a favor del equipo de Ramón Díaz.

martes, 18 de septiembre de 2012

El retiro del “Kaiser”

Passarella vs Bava, antes de la expulsion

















 


La temporada 1988-1989 del fútbol argentino, tuvo una organización un tanto particular. Durante la temporada regular, el nuevo sistema otorgaba 3 puntos al equipo ganador y un punto a los equipos que empataran su partido, con el agregado de un punto extra para el ganador de una definición por penales luego del empate.

Además de esta extraña definición para los empates, el sistema de clasificación para la Copa Libertadores 1990 era un poco más complejo, mediante una Liguilla pre-Libertadores para la cual se establecía la división de los equipos en dos grupos según su lugar en la tabla final anual del campeonato y una eliminación por un sistema de doble K.O.

El desarrollo de dicha liguilla es más complicado aún (con rondas de ganadores y perdedores y equipos que se iban sumando de acuerdo a otros logros, por ej, en una etapa se sumaba al campeón del Nacional B), por lo que necesitaría una nota especial para poder explicarla, así  que vamos a saltear toda la explicación para llegar a la definición de la Liguilla Clasificación, en donde se enfrentaban River Plate y Boca Jrs. El ganador del encuentro, sería el rival de San Lorenzo (finalista de la Liguilla pre-Libertadores) para determinar el clasificado a la Copa Libertadores 1990.
Esta final de la Liguilla Clasificación se jugó a dos partidos, ida y vuelta, el 19 de julio en el Monumental y el 24 de julio en la bombonera. Ambos partidos terminaron igualados sin tantos, por lo que debió jugarse un partido desempate en cancha neutral.

Finalmente, el 27 de julio de 1989, en el estadio de Velez Sarfield y bajo una intensa lluvia, se jugó el superclásico para definir al rival de San Lorenzo.

Boca, dirigido por Carlos Aimar, formó con: Navarro Montoya; Soñora (Pico), Simón, Erbín, Cuciuffo; Carrizo, Marangoni, Berti (Barberón), Latorre, Graciani y Gutiérrez.

River salió a la cancha con: Comizzo; Basualdo, Higuaín, Passarella, Gordillo; Corti, Batista, 
Palma (Talarico), Serrizuela; Centurión y Borrelli (H. Enrique). El DT era “Mostaza” Merlo.

Ese día, River Plate ganó el partido 2 a 1, con goles de Serrizuela (3 minutos) y Centurión (57 minutos), y Passarella se fue expulsado a los 35 minutos por el árbitro J. Bava, con quién tenía una marcada rivalidad.

Ese sería el último partido en la carrera de Daniel Alberto Passarella, gran capitán millonario y máximo goleador defensor del fútbol argentino con 99 tantos en 298 partidos y segundo en el mundo, detrás de Ronald Koeman, con 134 goles en 451 partidos oficiales.

Su debut en River fue en un amistoso de verano, también contra Boca Jrs, en 1974, cuando le dijo a “Pipo” Rossi “yo me animo a jugar, hay que ver si ud se anima a ponerme”, lo cual ya lo identificaba como un jugador con personalidad, que lo llevaría a ganarse el mote de “gran capitán”

Además de ser campeón con River en siete ocasiones, fue dos veces campeón del mundo con la Selección Argentina, en 1978 y 1986 (aunque no jugó ningún partido, formaba parte del plantel) También es el defensor más goleador de la Selección Argentina con 22 goles en 70 partidos.

lunes, 27 de agosto de 2012

Tan solo tres minutos

Artime anota de cabeza uno de los goles del partido

















El 26 de agosto de 1962 se jugó la edición nº 67 del superclásico del fútbol argentino. Por la fecha 14 del campeonato, River recibía en su cancha al cuadro de la ribera.

El desarrollo de aquel campeonato se vio interrumpido por la realización del Mundial de Fútbol en Chile, por lo que se disputó en dos etapas. 

Boca venía como puntero y River buscaba acercarse para dar pelea hasta el final. Una victoria del visitante le allanaría el camino al título, pero el “millo” estaba dispuesto a evitar que el rival de toda la vida se escapara en las posiciones.

Además, el local estaba atravesando una de sus peores épocas en cuanto a títulos, el último lo había logrado en 1957 y a partir de allí no había podido conquistar otro, siempre quedándose en las puertas en las últimas fechas.

Así fue como el Monumental se vistió de fiesta una vez más con 56467 entradas vendidas. Los equipos salieron a la cancha con las siguientes alineaciones:

RIVER PLATE: Domínguez, Ramos Delgado, Etchegaray; Barberis, Cap, Varacka;
Onega, Pando, Artime, Delem, Roberto.

BOCA JUNIORS: Errea; Silvero, Marzolini, Simeone, Rattín,
Orlando; Nardiello, Menéndez, Valentim, Grillo, González. 

El primero en pegar fue Boca, con su delantero estrella y goleador, Paulo Valentim, puso el marcador 1 – 0 a los 25 minutos del primer tiempo. Parecía que el camino hacia la victoria y el campeonato se abría en el horizonte para el equipo xeneize, y así terminaba el primer tiempo, con la pizarra favorable a los visitantes.
En el segundo tiempo River debería revertir el resultado si quería mantener las esperanzas de campeonar, y al parecer así lo entendieron los jugadores, que en tan solo tres minutos, dieron vuelta el resultado y dejaron con las manos vacías a los eternos rivales.

Primero, a los 5 minutos del complemento, Luis Artime puso el empate y tan solo 2 minutos después anoto el gol de la ventaja para el equipo local. Un minuto más tarde, Delem, con un furibundo remate desde 30 metros pondría el tercer y definitivo gol, para dejar un score de 3 – 1 a favor del equipo millonario.
Así, en tan solo tres minutos, el equipo de la banda roja se despachaba con tres goles y echaba por tierra las esperanzas del equipo xeneize, alzándose con una victoria que lo dejaría a un punto del líder y a la postre lo llevaría a definir el campeonato en la penúltima fecha, cuando se enfrentaran nuevamente en la bombonera con una polémica definición, pero esa es otra historia.