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martes, 6 de enero de 2015

Walter Silvani

La tapa de "El Gráfico" tras su gol a Boca




















A Deportivo Español, que era uno de los equipos duros de la Primera División, y que a River siempre le hacía fuerza, le tocaba visitar el Monumental en la fecha quince del Torneo Apertura 1993.

El Millo, como era costumbre, peleaba el campeonato y necesitaba de una victoria para seguir en la punta. El partido no era bueno, el marcador estaba clavado en cero y el trámite era incierto.  En la cancha estaba Walter Silvani, un delantero corpulento y no muy dotado técnicamente pero que tenía mucha potencia física.

Fue él quien recibió un pase filtrado, en el arco que da a la tribuna Sívori (en esa época Almirante Brown), y tras aguantar la embestida de un defensor gallego, se metió en el área y tocó suave, de zurda, ante la salida del legendario Pedro Catalano.

El gol era importantísimo, y el autor, cansado de ser hostigado por la tribuna local, no tuvo mejor que idea que celebrarlo, por así decirlo, de cara a los hinchas gesticulándoles que no lo gritaran, moviendo el brazo de izquierda a derecha con el dedo índice hacia arriba.

El Cuki fue un producto de las inferiores del Millo y, para sorpresa de muchos, jugó más en la primera de River que lo que sus condiciones le hubieran permitido a cualquier jugador. Era espigado y de movimientos toscos. A pesar de ello, convirtió varios goles, y quizás, el más recordado, junto con el relatado anteriormente a Español, sea aquel a Boca por la Copa Centenario, para ganar 1 a 0 en la muerte súbita, y dejarlos afuera.

Supo compartir equipo con Juan José Borreli, Rubén Da Silva, Ramón Medina Bello y Ramón Díaz, razón por la cual, independientemente de sus escasas habilidades, no pudo ganarse la titularidad. Además, por su posición debía ser un goleador, pero eran más las veces que dilapidaba ocasiones servidas que las que las mandaba al fondo de la red.

El generoso fútbol lo llevó a España, Chile, México y, en Argentina, jugó también en Newell’s y Estudiantes, aunque en ningún lugar logró asentarse y tener la continuidad suficiente para mostrar su cualidades. A pesar de ello, en el Pachuca mexicano convirtió el gol que le dio un campeonato.

Fue Daniel Passarella quien le dio más participación con la banda roja, pero luego fue relegado por el Mencho y Hernán Crespo. ¿Sus números en River? 132 partidos con 24 goles en torneos de AFA; 30 partidos internacionales con cinco goles; y cuatro campeonatos locales.

Sin dudas es más recordado por su celebraciones que por sus goles. Cuando jugaba en Salamanca de España, luego de una conquista, lo gritó saltando los carteles de publicidad, sin tener en cuenta que del otro lado se encontraba la fosa perimetral. El Cuki no sufrió daños mayores, pero desapareció de la imagen televisiva y, casi del mismo modo, del fútbol.

jueves, 12 de junio de 2014

Leopoldo Jacinto Luque



















A lo largo de la historia, muchos jugadores llegaron a River con pergaminos de hazañas y grandes actuaciones, pero al ponerse el manto sagrado, se hundían en el ostracismo y la intrascendencia. Otros llegaban con perfil bajo y sin mucho ruido, pero acababan sorprendiendo al público Millonario.

En 1975, River Plate cortaba la racha de 18 años sin títulos y Carlos Morete, su goleador, era transferido al fútbol español. Para cubrir su partida, se incorporó a Leopoldo Jacinto Luque, un santafesino, de 26 años, que le había convertido en dos ocasiones en el Metropolitano de 1975, y que tenía recorrido en equipos del interior pero poca continuidad en Primera División.

El Pulpo no tardó en demostrar porque fue el elegido. El día de su debut, el 21 de septiembre de 1975, convirtió el gol de la victoria, nada menos que contra Boca, en la Bombonera. A partir de allí, sería pieza clave en el equipo de Ángel Labruna, a tal punto que condenaría a un naciente Ramón Díaz a ingresar en los segundos tiempos.

A pesar de medir alrededor de un metro ochenta, era un jugador veloz, ágil, de una potencia arrolladora y un olfato infalible. Características difíciles de combinar en un goleador, pero que le quedaban pintadas para el paladar riverplatense.

Fue en el conjunto Millonario donde encontró su lugar en el mundo. De breves pasos por Unión y Rosario central, vistió la banda sangre durante cinco años, período en el que se ganó la confianza de César Luis Menotti, seleccionador nacional, para formar parte del plantel Argentino campeón del Mundo de 1978.

En River jugó 207 encuentros oficiales (176 por torneos de AFA y 31 internacionales) y convirtió 84 goles (75 en AFA y 9 internacionales), números que lo ubican dentro de los magníficos artilleros riverplatenses.

Entre sus obras con la casaca Millonaria se encuentra un gol de taco a Huracán, convertido el 2 de diciembre de 1979; y el record de ser el único jugador que logró convertir cinco goles en un clásico. Fue contra San Lorenzo, el 22 de febrero de 1976, el encuentro finalizó 5 a 1 en favor del Millonario, y Leopoldo metió los cinco.

Este espigado delantero de bigote setentoso y brazos largos hasta el infinito, fue uno de los grandes goleadores de la historia Millonaria. Generalmente, cuando se habla de ídolos, se suele mencionar a Norberto Alonso, Amadeo Carrizo, Ariel Ortega, Ángel Labruna, Enzo Francéscoli y Adolfo Pedernera, pero no se tiene en cuenta a Luque, que sin dudas, merece un lugar en esa galería.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Luis María Rongo






















¿Cuánto valdría hoy un jugador que tuviera más de un gol por partido? ¿Cuántos partidos jugaría en Primera un artillero que convirtiera dos tantos o más en cada uno? Y peor aún, ¿qué pasaría si el rompe redes en cuestión no tuviera la titularidad asegurada? ¿Si fuera relegado por otros delanteros, tan potentes y efectivos como él? Sería un verdadero problema para el entrenador, un lindo problema, como les gusta decir cuando se encuentran ante una situación semejante.

En 1935, River Plate contaba con una camada de jugadores que desplegaban un fútbol vistoso. Las presencias de Bernabé Ferreya y Carlos Peucelle, llegados a principios de la década del treinta a cambio de cifras astronómicas, lo habían catalogado como el Millonario. Además, de las inferiores se estaba consolidando José Manuel Moreno y comenzaba a hacer sus primeras armas Adolfo Pedernera .

Pero también había un juvenil cuya carrera no deslumbró por la presencia de esos monstruos. Todos los números que el Mortero de Rufino tenía en primera, eran replicados por este juvenil, rubio y espigado, que transitaba las categorías menores.

Un día Ferreyra se lesionó, y allí estaba el joven cordobés, agazapado, esperando su oportunidad. El debut de Luis María Rongo fue el 1 de septiembre de 1935, y el rival, nada menos que Boca Juniors. Su estreno no podía ser mejor, el artillero conquistó el gol del empate, comenzando a convertirse en verdugo del equipo xeneize.

A partir de allí, a pesar de no tener continuidad, no pararía de marcar ante cada oportunidad de mostrarse. Ese certamen lo terminó con cinco goles en cuatro presentaciones, tres de ellos en un partido a Gimnasia de La Plata, y ya sentía que podía ocupar un lugar entre los hombres de primera.

Lamentablemente para él, Bernabé se recuperó, y tuvo que volver a las fuerzas básicas, y así, nunca pudo hacerse del puesto. Las presencias de las grandes estrellas con las que contaba River en esa época lo relegaron a pelear siempre por un lugar.

Así, a mitad de la temporada de 1937, pasó a préstamo a Argentinos Juniors por seis meses, para luego regresar al Millonario. Ese año logró coronarse campeón con la banda e irse al descenso con el Bicho, ya que había formado parte de ambos planteles.

En River alcanzó un record similar al del Mortero, tener más anotaciones que partidos jugados,  a pesar de la falta de continuidad, que pedía a fuerza de goles en cada presentación.

Este gringo rubión, de pelo engominado y potente remate, anotó la friolera de 58 tantos en 49 partidos, más de uno por encuentro, muchos de ellos aprovechando la violencia de sus tiros.

Tras seguir en la banda hasta 1940, y gracias a su romance con la red, el Fluminense le hizo una oferta imposible de rechazar, y se llevó sus goles al país del “jogo bonito”.  Allí jugó un año y plasmó otro record: anotó seis goles en un mismo encuentro, marca que aún no ha sido superada. Además, revalidó los pergaminos que lo llevaron al club carioca, 36 goles en 25 encuentros.

Luego volvió a la Argentina para vestir los colores de Platense y pasear su fútbol, poco vistoso pero efectivo, por Temperley, Excursionistas y San Telmo, donde finalmente se retiró a los 32 años.

Además de haber logrado dos campeonatos con el conjunto Millonario (1936 y 1937, aunque recientemente AFA reconoció una nueva estrella en 1936), entre sus logros personales se encuentra:

  • Siete goles a Boca
  •  Cinco “hattricks”
  •  Diez dobletes
  • Una vez con cuatro goles (el 30/10/1938 en un 5-1 a Atlanta)
  • Una vez con cinco goles, record que comparte con Leopoldo Jacinto Luque, en un 8-0 a Ferro el 23/4/1939
  • De los cinco tripletes, tres fueron en forma consecutiva (el 7/8/1938 3-2 a Racing; el 14/8/1938 5-1 a Huracán; y el 21/8/1938 3-1 a Vélez)
  • Su temporada más prolífica fue la de 1938, donde consiguió 33 goles en 20 partidos
Seguramente, un artillero como este, hoy en día duraría muy poco en la primera de un equipo. En aquellos tiempos, tuvo que irse a otro país en busca de continuidad, y River dejó de lado a un valor que pudo dar mucho más por la banda roja, solo que delante de él estaba el fantástico Bernabé Ferreyra.

sábado, 27 de julio de 2013

Colombianos

Falcao, Angel, Yepes y Balanta

















La llegada de Carlos Carbonero produjo, además de la alegría de Ramón Díaz por el refuerzo, una declaración un tanto particular de parte del director técnico de River. Ante la consulta periodística, el riojano soltó, sin pelos en la lengua, que “en River, todos los colombianos triunfan”.

Esta afirmación no abre un debate, pero si muestra cierta tendencia del técnico a exagerar algunas cuestiones. Por eso, en este repaso, vamos a ver a los diez colombianos que vistieron la banda roja y cómo fue su paso por la institución.

Juan Pablo Angel: –1998/2000, 116 PJ, 62 goles, 2 campeonatos – Fue el primer oriundo del país cafetero en vestir los colores Millonarios. Llegó de la mano de Ramón Díaz en el Clausura 1998 y formó una delantera letal junto con Javier Saviola y Pablo Aimar. Ganó el Torneo Apertura 1999 y el Clausura 2000, además fue el goleador del Apertura de ese año con trece anotaciones.

Mario Yepes: –1999/2002, 76 PJ, 9 goles, 2 campeonatos – También llegado de la mano del Pelado, se adaptó rápidamente a la zaga central del Millo y fue un estandarte del último bicampeonato (Apertura 1999 y Clausura 2000) conseguido por la institución.

Jersson González: – 2002, 8 PJ –  este moreno defensor lateral llegó cuando Manuel Pellegrini era el entrenador de River. Aunque venía con el pergamino de haber obtenido la Copa América con su selección, en Núñez no tuvo continuidad ni buenos rendimientos y casi ni se lo recuerda por los pasillos del Monumental.

Kilian Virviescas: –2003/2004, 16 PJ, 1 gol en contra – tras jugar un partidazo en cuartos de final de Copa Libertadores contra River fue incorporado por la insitución. Sus actuaciones fueron muy malas y su recuerdo más “importante” tiene que ver con un gol en contra jugando contra Quilmes en el Monumental.

Jairo Patiño: – 2004/2006, 44PJ, 4 goles – de buen paso por Newell’s, la dirigencia Millonaria puso los ojos sobre este volante de buen pie que no pudo mostrar todo su potencial en River. Pasó sin pena ni gloria y se convirtió en uno más del montón de refuerzos “falopa” de la época.

Radamel Falcao García: –2004/2009, 113 PJ, 45 goles, 1 campeonato – el primer colombiano producto de las inferiores Millonarias, fue sin dudas una de las grandes apariciones del semillero de los últimos años. Llegó a primera de la mano de Leonardo Astrada, pero logró continuidad con Reinaldo Merlo, y no tardó en mostrar sus condiciones, convirtiendo siete goles en igual cantidad de partidos, hasta que una lesión en la rodilla lo marginó por unos meses de las canchas. En el 2008 fue uno de los bastiones del último campeonato de primera división ganado por River Plate, junto con Ariel Ortega y Diego Buonanotte. Una de las peores dirigencias de la historia lo regaló al Porto por 5,5 millones de euros en 2009.

Juan Carlos Toja: –2006, 3 PJ, 1 gol– principalmente jugó por Copa Libertadores, ya que no tuvo participación en el torneo local. Sus números hablan por sí solo, intrascendente.

Carlos Alberto Valencia: – 2007, 2 PJ – otro producto de las inferiores de River, pero con menor suerte que la de Falcao. Tras dos encuentros, uno de titular contra Huracán, deambuló por varios equipos del fútbol Argentino (Godoy Cruz, Chacarita y Estudiantes).

Nelson Rivas: – 2007, 9 PJ – arribó al Millo afirmando que era una mezcla entre Mario Yepes e Ivan Córdoba. Un rápido y sospechoso interés del Inter de Milán por contar con sus servicios, lo enviaron al “neroazzurro” tras menos de seis meses con la banda.

Eder Alvarez Balanta: –2013/actual, 9 PJ, 2 goles – es la aparición defensiva más importante de los últimos tiempos. Su solidez y aplomo sorprendieron al mundo futbolístico y se ganó rápidamente la titularidad y el cariño de la gente. De su posible venta dependen las arcas del club para tener un ingreso importante y concretar alguna incorporación más de jerarquía para el Torneo Inicial 2013.

Como pudimos observar, la mayoría de los casos no tuvieron un paso exitoso por la institución y son tan solo tres los que lograron dejar su nombre guardado en la historia ganadora del Millonario. Por supuesto, las palabras de Ramón apuntan a darle confianza a la nueva cara del equipo y hacerle entender de la grandeza del club en el que está, aunque su verborragia a veces lo hagan esclavo de sus palabras.

Ya está Carlos Carbonero entrenando con el plantel –el número once- y se espera por la llegada de Teófilo Gutiérrez, muy pedido por el Pelado. Con ellos la nómina de colombianos que vistieron el manto sagrado aumentará a doce, esperando que se parezcan más a los que contribuyeron con la rica historia y no con los de paso intrascendente.

miércoles, 10 de julio de 2013

Juan José Borrelli





















 - ¿Qué te pasa Juanjo?
 -  Nada, Daniel… O sí, no tengo seguridad, juego sin confianza, como si me faltara algo… No sé, tal vez por eso no arriesgo.
 -  Está bien, te entiendo. Y te digo algo: de mí tenés todo el respaldo, por muchas razones, estoy convencido de que vas a ser el diez de River… Jugá, inventá, esta que empieza tiene que ser tu temporada.

Más o menos así transcribía la revista “El Gráfico” el diálogo de vestuario entre Daniel Passarella, director técnico de River, y Juan José Borrelli, el 4 de agosto de 1991.

Juanjo, con ocho años, llegó a las inferiores de River, donde fue goleador de todas las categorías, e hizo su debut en primera el 1 de octubre de 1988, con 17 años, contra Racing de Córdoba en el Monumental.

Era un jugador distinto. Su precoz aparición estaba asociada a la necesidad de encontrar un jugador que pudiera cumplir el rol que años atrás había dejado vacante Norberto Alonso, y que no había podido suplir la contratación de Omar Palma, ni la promoción de los juveniles Néstor Gorosito y Mariano Dalla Líbera.

Con características diferentes y sin la preponderancia que tenía el “Beto” sobre el plantel, Borrelli estaba llamado a ser el conductor de River, y así lo entendía Passarella. El rubio desgarbado de pelo largo, al mejor estilo Claudio Caniggia, sencillo y tímido, era habilidoso y tenía un pique corto capaz de sacarse un par de hombres de encima en velocidad.

Era derecho, pero manejaba ambas piernas con igual precisión y jerarquía. Podía generarse los espacios en base a su rapidez y habilidad o poner un pase preciso entre líneas para habilitar a alguno de sus compañeros.

Formó sociedades letales con Rubén Da Silva y, principalmente, con Ramón Medina Bello y Ramón Díaz en aquel campeón del Apertura 1991. Sus actuaciones en ese certamen le dieron la posibilidad de ser transferido al fútbol europeo. Su destino fue el Panathinaikos griego, y River recibió 2.200.000 dólares, de los cuales 613.800 sirvieron para comenzar a acogerse a la moratoria que ofrecía la DGI (Dirección General Impositiva) evitando así “la más grave crisis institucional de la historia del club” según las propias palabras del presidente Alfredo Davicce.

Tuvo dos períodos con la camiseta “Millonaria”. El ya mencionado entre 1988 y 1991, y el segundo en el año 1997, donde fue participe del Apertura 1997 y la Supercopa logrados en ese año. En total jugó 98 partidos y convirtió diez goles por torneos locales. Además cuenta en su palmarés con el campeonato de 1989/90 y el Apertura 1991 en el cual no pudo dar la vuelta porque su partida al fútbol griego se produjo antes de la finalización del certamen.

Su perfil bajo, y la presencia de otras estrellas, como el “Pelado” y el “Mencho”, tal vez hicieron que pasara inadvertido para muchos, pero lo cierto es que fue uno de los grandes jugadores surgidos de las inferiores de River a fines de la década del ochenta.

sábado, 6 de abril de 2013

Ramón Ismael Medina Bello


En épocas en las que no existían los encuentros televisados en vivo y en directo, ni se transmitía fútbol las 72 horas del fin de semana, la manera de seguir a River era yendo a la cancha o escuchando el partido por la radio y esperar al domingo a la noche para poder ver los goles en “Fútbol de Primera”.

En esos años, se escuchaban los relatos y se imaginaban las jugadas, los pases, los ataques, las atajadas y los goles. En esos tiempos, los jugadores no tenían cuerpo, eran palabras que corrían y ejecutaban maniobras que tenían millones de imágenes del otro lado del emisor.

Entre esas imágenes, había un jugador que donde tomara la pelota, era peligro de gol. El relator tropezaba con sus palabras cada vez que Medina Bello se ponía en contacto con el balón. No importaba si estaba dentro del área o en el círculo central, el relato se aceleraba, las palabras se convertían en trabalenguas y Ramón Ismael hacía volar la imaginación de los escuchas.

El oriundo de Gualeguay había llegado a River en 1989 proveniente de Racing Club, donde había jugado desde 1986.  Al principio no fue titular, pero con la asunción de Daniel Passarella como director técnico del club “Millonario” el delantero se ganó un lugar entre los once y formó una dupla de ataque letal con Rubén Da Silva.

Aunque no era un jugador de gran habilidad, como podía serlo el “Polillita” o Ramón Díaz, por citar algunos de sus compañeros de ataque, el “Mencho” era una amenaza latente. Su contextura física era la típica del “tanquecito”, de hecho, así lo apodaron cuando todavía era un juvenil. Morrudo y retacón, sus 173 centímetros estaban cargados de potencia. Cuando tenía la pelota ensayaba sus característicos “menchazos”, unos zapatazos que rompían todo lo que se cruzaba en su camino, a tal punto que, si iban al arco, podían clavarse en el ángulo, doblarle las manos al arquero e incluso dejarlo desmayado en el césped, y si no, terminaban navegando por las calles aledañas de algún estadio.

A pesar de que un relator lo había apodado “Robocop”, incluso para una producción de la revista “El Gráfico” se fotografió disfrazado como tal, por su potencia y tozudez, no era ningún negado con la técnica. De repente podía sorprender dejando en el camino a tres jugadores y pasando el cuero por un costado del arquero, para irlo a buscar por el otro, como en aquel gol a Estudiantes de La Plata para coronar campeón al “Millonario” en 1990; o antoando un gol de taco con una maniobra de ballet jugando para la selección nacional. También podía errar goles increíbles, popularizando el famoso "lo que te devoraste Ramón Ismael!!" que exclamaba Marcelo Araujo cuando relataba los partidos de River.

Su explosión le hacía pensar al escucha que sus jugadas siempre eran cerca del área y que podían terminar en gol, ya que poseía una increíble velocidad que, ayudado por su potencia, dejaba a los rivales en el camino como postes y obligaba a los arqueros a enfrentarse a un fusilamiento inminente.

En las dos etapas que estuvo en el club (1989/1993 y 1996/1997), jugó 155 partidos y marcó 86 goles. Con sus actuaciones logró conquistar al hincha de River que, aunque no lo considera un ídolo absoluto, lo recuerda con mucho afecto como uno de los grandes goleadores que vistieron el manto sagrado. Además, es uno de los hombres que más títulos ganó en el conjunto de Núñez, con seis campeonatos locales, una Copa Libertadores y una Supercopa Sudamericana.

Tras su segunda etapa en el “Millonario” (1996-1997), militó en las filas de Talleres de Córdoba, equipo con el que logró el ascenso y decidió retirarse para volver dos años después a jugar en Sportivo Dock Sud de la primera C. Tras tres temporadas allí, finalmente colgó los botines en el año 2005.

Actualmente, al entrerriano se lo puede ver los lunes por la noche representando al selectivo de veteranos de River Plate en una de las canchas auxiliares del estadio Monumental.