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sábado, 27 de julio de 2013

Colombianos

Falcao, Angel, Yepes y Balanta

















La llegada de Carlos Carbonero produjo, además de la alegría de Ramón Díaz por el refuerzo, una declaración un tanto particular de parte del director técnico de River. Ante la consulta periodística, el riojano soltó, sin pelos en la lengua, que “en River, todos los colombianos triunfan”.

Esta afirmación no abre un debate, pero si muestra cierta tendencia del técnico a exagerar algunas cuestiones. Por eso, en este repaso, vamos a ver a los diez colombianos que vistieron la banda roja y cómo fue su paso por la institución.

Juan Pablo Angel: –1998/2000, 116 PJ, 62 goles, 2 campeonatos – Fue el primer oriundo del país cafetero en vestir los colores Millonarios. Llegó de la mano de Ramón Díaz en el Clausura 1998 y formó una delantera letal junto con Javier Saviola y Pablo Aimar. Ganó el Torneo Apertura 1999 y el Clausura 2000, además fue el goleador del Apertura de ese año con trece anotaciones.

Mario Yepes: –1999/2002, 76 PJ, 9 goles, 2 campeonatos – También llegado de la mano del Pelado, se adaptó rápidamente a la zaga central del Millo y fue un estandarte del último bicampeonato (Apertura 1999 y Clausura 2000) conseguido por la institución.

Jersson González: – 2002, 8 PJ –  este moreno defensor lateral llegó cuando Manuel Pellegrini era el entrenador de River. Aunque venía con el pergamino de haber obtenido la Copa América con su selección, en Núñez no tuvo continuidad ni buenos rendimientos y casi ni se lo recuerda por los pasillos del Monumental.

Kilian Virviescas: –2003/2004, 16 PJ, 1 gol en contra – tras jugar un partidazo en cuartos de final de Copa Libertadores contra River fue incorporado por la insitución. Sus actuaciones fueron muy malas y su recuerdo más “importante” tiene que ver con un gol en contra jugando contra Quilmes en el Monumental.

Jairo Patiño: – 2004/2006, 44PJ, 4 goles – de buen paso por Newell’s, la dirigencia Millonaria puso los ojos sobre este volante de buen pie que no pudo mostrar todo su potencial en River. Pasó sin pena ni gloria y se convirtió en uno más del montón de refuerzos “falopa” de la época.

Radamel Falcao García: –2004/2009, 113 PJ, 45 goles, 1 campeonato – el primer colombiano producto de las inferiores Millonarias, fue sin dudas una de las grandes apariciones del semillero de los últimos años. Llegó a primera de la mano de Leonardo Astrada, pero logró continuidad con Reinaldo Merlo, y no tardó en mostrar sus condiciones, convirtiendo siete goles en igual cantidad de partidos, hasta que una lesión en la rodilla lo marginó por unos meses de las canchas. En el 2008 fue uno de los bastiones del último campeonato de primera división ganado por River Plate, junto con Ariel Ortega y Diego Buonanotte. Una de las peores dirigencias de la historia lo regaló al Porto por 5,5 millones de euros en 2009.

Juan Carlos Toja: –2006, 3 PJ, 1 gol– principalmente jugó por Copa Libertadores, ya que no tuvo participación en el torneo local. Sus números hablan por sí solo, intrascendente.

Carlos Alberto Valencia: – 2007, 2 PJ – otro producto de las inferiores de River, pero con menor suerte que la de Falcao. Tras dos encuentros, uno de titular contra Huracán, deambuló por varios equipos del fútbol Argentino (Godoy Cruz, Chacarita y Estudiantes).

Nelson Rivas: – 2007, 9 PJ – arribó al Millo afirmando que era una mezcla entre Mario Yepes e Ivan Córdoba. Un rápido y sospechoso interés del Inter de Milán por contar con sus servicios, lo enviaron al “neroazzurro” tras menos de seis meses con la banda.

Eder Alvarez Balanta: –2013/actual, 9 PJ, 2 goles – es la aparición defensiva más importante de los últimos tiempos. Su solidez y aplomo sorprendieron al mundo futbolístico y se ganó rápidamente la titularidad y el cariño de la gente. De su posible venta dependen las arcas del club para tener un ingreso importante y concretar alguna incorporación más de jerarquía para el Torneo Inicial 2013.

Como pudimos observar, la mayoría de los casos no tuvieron un paso exitoso por la institución y son tan solo tres los que lograron dejar su nombre guardado en la historia ganadora del Millonario. Por supuesto, las palabras de Ramón apuntan a darle confianza a la nueva cara del equipo y hacerle entender de la grandeza del club en el que está, aunque su verborragia a veces lo hagan esclavo de sus palabras.

Ya está Carlos Carbonero entrenando con el plantel –el número once- y se espera por la llegada de Teófilo Gutiérrez, muy pedido por el Pelado. Con ellos la nómina de colombianos que vistieron el manto sagrado aumentará a doce, esperando que se parezcan más a los que contribuyeron con la rica historia y no con los de paso intrascendente.

sábado, 16 de marzo de 2013

Jorge Luis Alcalde


1939-1940 – 25 PJ – 12 goles


Dentro de la innumerable cantidad de extranjeros que vistieron los colores “Millonarios”, hay un delantero peruano que tuvo su paso por la institución en épocas en las que comenzaba a gestarse “La Máquina”.

Nacido el 26 de noviembre de 1916 y catalogado como una de las máximas promesas del fútbol peruano, Jorge Luis Félix Alcalde Millos, tal era su nombre completo, debutó en el fútbol profesional de su país jugando para el Sport Boys en 1933. Allí logró alzarse con dos campeonatos, siendo goleador del equipo, y ganándose la citación para participar en su selección nacional en los Juegos Olímpicos de 1936 y en las copas sudamericanas de selecciones de 1935, 1937 y 1939, donde Perú, de local, se coronó campeón.

Tras esa conquista, sus pergaminos lo llevaron a ser contratado por River Plate. Allí compartió el plantel con José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera y Angel Labruna, entre otros, donde solía alternar en su puesto con Luis María Rongo.

Era un delantero alto, de tez oscura y pelo enrulado. Considerado uno de los mejores arietes que dio el fútbol peruano, técnicamente dotado, y con la elegancia suficiente para ser merecedor de participar en un equipo que se caracterizaba por la belleza de su juego y que comenzaba a dar origen a uno de los mejores equipos de la historia del fútbol argentino.

Además era goleador, tenía un remate preciso, aunque no muy potente y un golpe de cabeza exquisito con un gesto técnico de excelencia.

“Cámpolo”, como lo habían bautizado en Callao, su pueblo natal, en sus épocas de escolar, por la similitud de su físico con el del boxeador argentino Victorio Cámpolo, militó en las filas riverplatenses hasta 1941, año en que migró a Banfield.

En su primera temporada con la banda roja, en 1939, debutó en la red con un doblete el 2 de julio de 1939 contra Lanús, y con diez goles en 21 juegos, fue el segundo goleador del equipo junto a Carlos Peucelle y Luis María Rongo, detrás de José Manuel Moreno, que había sido el máximo artillero de la escuadra.

En 1940 tuvo menos participación, ya que jugó solamente cuatro partidos y anotó dos goles. Al año siguiente, buscando mayor continuidad, pasó a Banfield, donde jugó hasta 1945. La curiosidad es que sus primeros goles en el equipo del sur los convirtió por duplicado y frente a Lanús, como había sucedido en su paso por el “Millonario”. En el “Taladro” jugó 58 partidos y anotó en 29 ocasiones. Luego tuvo un breve paso por Talleres de Remedios de Escalada y Liverpool de Uruguay, para finalmente volver al fútbol peruano en 1947.

Fue tan importante en la historia deportiva de su país, que varias instituciones deportivas llevan su nombre, y su idolatría fue tal que, Gonzalo Toledo (20/01/1922 – 23/08/2006), un joven escritor y cronista peruano de le época, le escribió una polca en su honor, publicada en el “Cancionero de Lima” de noviembre de 1941 llamada “Campolo Alcalde”

“En las pampas de la Mar Brava
Un enorme valor del fútbol surgió,
En las pampas de la Mar Brava
Un enorme valor del fútbol surgió.
Y lo aclama toda la hinchada
Por sus maestras jugadas sin par,
Y lo aclama toda la hinchada
Por sus maestras jugadas sin par.
Campolo Alcalde es el delantero
Que maravilla siempre en el “grass”
Haciendo uso de su buen “dribling”
Y luego un pase para avanzar;
Aproximado a los tres palos
Un tiro suave que da el gol,
Lo que se debe a la alta clase
Que siempre luce este campeón”



jueves, 27 de diciembre de 2012

Ramiro Castillo

Castillo fue tapa de "El Gráfico"




















Nació en Coripata, Bolivia, el 27 de marzo de 1966. Se desempeño como delantero o volante, con una vasta carrera en el fútbol Argentino. Llegó a nuestro país para jugar en Instituto de Córdoba, siguió en Argentinos Juniors para recalar finalmente en River Plate.

El boliviano fue uno de los mejores futbolistas de la historia de su país, convirtiéndose en estandarte de su selección, la cual pudo conducir, junto con otros grandes jugadores como Marco Antonio “el Diablo” Echeverri y Erwin “Platini” Sánchez, a clasificar a un mundial de fútbol por primera vez en su historia (sus otras dos participaciones fueron por invitación) en 1994.

“Chocolatín”, apodo que se ganó por el color de su piel, alcanzó el pico de rendimiento en nuestro fútbol en su paso por La Paternal. Allí, llegó a pelear el campeonato en un equipo que tenía a Oscar Dertycia como goleador y a Nito Veiga como entrenador, quién llegó a decir que “si ‘Chocolatín’ tuviera la camiseta de Argentina o de Barsil, valdría millones de dólares”.

Era un jugador de buena técnica, carismático y tímido, sin dudas, uno de los mejores jugadores que dio el fútbol del altiplano. Era sencillo y tranquilo, pero a la vez era sincero y sin pelos en la lengua. Desde los futbolístico, le gustaba analizar los partidos luego de finalizados y soñaba con ser un formador de jugadores, trabajando con los juveniles. Vladimir Soria, compañero suyo en el Bolívar, dijo “hubiera sido un gran formador, por el espíritu y dedicación que mostraba por los jóvenes”. Debido a esta vocación por la formación de juveniles, fue que fundó la Escuela de Fútbol Ramiro Castillo, cuando aún seguía siendo jugador profesional.

Quienes compartieron planteles con él, manifiestan que era un gran profesional y, sobre todas las cosas, un gran referente para los más chicos, a quienes les dispensaba especial atención para educarlos y formarlos.

Después de River, pasó por Rosario Central y Platense. Es el jugador de origen boliviano como más presencias en el fútbol argentino, con 146 partidos y diez goles.

En Núñez estuvo una temporada, entre 1990 y 1991, jugó diez partidos y anotó un gol, en la goleada 4 a 0 a San Lorenzo el 8 de octubre de 1990.

Vistió los colores “Millonarios” en la primera etapa de Daniel Passarella como director técnico, y participó de aquella Copa Libertadores polémica en la que los “otros” obtuvieron un empate dudoso en la Bombonera contra Oriente Petrolero, de Bolivia, igualdad que determinó la eliminación de River de la competencia.

El 29 de junio de 1997, antes de jugar la final contra Brasil de la Copa América de Selecciones disputada en Bolivia, su hijo mayor fue víctima de un cuadro de hepatitis fulminante. “Chocolatín” no soportó el dolor de tan trágico acontecimiento, durante casi cuatro meses estuvo sumergido en una profunda depresión, hasta que finalmente, el 18 de octubre de 1997, a los 31 años, acabó con su dolor y decidió emprender el último viaje junto a su primogénito.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Enzo Francescoli


Con 22 años, llegó a River en 1983 como una promesa para mejorar un plantel carente de figuras destacadas. El uruguayo había sido la gran estrella de su selección en la Copa América y su incorporación generaba gran expectativa.

En el torneo Nacional de ese año su actuación fue discreta y el millonario quedó eliminado en cuartos de final. El campeonato Metropolitano ’83 no sería le excepción. La performance de River fue decepcionante, terminó en la anteúltima colocación, el “Flaco” había hecho nueve goles en 27 partidos y sus actuaciones no se correspondían con la expectativa generada, por lo que comenzaba a ser observado de reojo por el hincha. Su forma de jugar, casi displicente, hacía pensar que se había cometido un error con su contratación.

Con el correr de los partidos fue cambiando su imagen. Junto al “Beto” Alonso, llegado en 1984, llevaron a River a jugar la final del Nacional de ese año, en la cual fue derrotado por Ferro Carril Oeste. Pero lo mejor vendría en 1985, año en que condujo al millonario a ganar el Campeonato 1985/86, convirtiendo 25 goles en 32 partidos y teniendo actuaciones destacadas como la de aquella tarde lluviosa frente a Argentinos Jrs en la que el “millo” ganó 5-4 y el uruguayo convirtió por duplicado. Además, ese título le brindó el pasaporte para jugar la Copa Libertadores de 1986, que a la postre sería ganada por el conjunto rojiblanco.

Francescoli había nacido el 12 de noviembre de 1961, en Montevideo, Uruguay. No tenía un físico importante, era más bien flaco y desgarbado, sus globos oculares sobresalían de sus cuencas, su hablar era pausado y casi temeroso, pero cuando la pelota caía en sus pies, nada de eso importaba, su figura se transformaba.

Parecía tener una extraña atracción hacia la pelota, como si ella supiera que bajo sus botines sería tratada como una reina. No le costaba nada dominarla, y  ella se rendía a sus pies. Cuando la trasladaba, parecía flotar en el aire, sus movimientos eran armónicos y estéticos, sus pases eran siempre precisos, a un compañero o a la red, y como si fuera poco, era un exquisito definidor, siempre buscando el lugar a donde el arquero no pudiera llegar.

Así se fue ganando al hincha millonario, que lo fue valorando cada vez más hasta adoptarlo como un hijo del club. Su ascendencia en el equipo, y entre la hinchada, iba cobrando cada vez más relevancia, pero en 1986, sus grandes actuaciones obligaron a venderlo al Racing de París.

En Europa continuó su carrera durante ocho años, primero en Francia (Racing y Olimpique de Marsella) y luego en Italia (Cagliari y Torino), hasta que en 1994 River dio un golpe de efecto en el mercado argentino al anunciar la contratación del “Príncipe”, que en su anterior etapa en el club, había prometido volver para saldar su cuenta pendiente, la Copa Libertadores de América.

Si en 1986 se había marchado como una estrella del club, su regreso al millonario le deparaba la gloria, hasta convertirlo en el último gran ídolo de los feligreses riverplatenses.

En su primer campeonato, en 1994, bajo la dirección técnica de Américo Gallego, condujo a River a obtener el único torneo invicto de su historia, pero eso no sería todo. Dos años más tarde, con Ramón Díaz dirigiendo desde el banco y con Enzo desde el rectángulo de juego, pudo cumplir su promesa. Llevó al millonario a la final del torneo continental, y con un Crespo contundente que convirtió dos goles, se alzó con el tan ansiado trofeo. Al finalizar el encuentro, en la boca del túnel, no se olvidaría del joven goleador, a quién dio las gracias por permitirle cumplir su sueño americano.

Luego continuó en el club de Nuñez por dos años más, conquistando el tricampeonato (1996-1997) y la única copa que le faltaba a la institución hasta ese entonces: la Supercopa Sudamericana, derrotando al San Pablo en la final, donde tuvo la desgracia de desperdiciar un penal, pero, al igual que en 1996, un goleador implacable, el chileno Salas, anotó por duplicado para sumar un nuevo trofeo a sus vitrinas y terminar de bañar de gloria al uruguayo.

En febrero de 1998 decidió comunicar su retiro de la práctica profesional del fútbol, pero él no pudo alejarse por completo. Siguió vinculado al deporte más hermoso del mundo y extrañó tanto a la redonda que decidió despuntar el vicio con la banda roja en el pecho en el torneo de veteranos.

Hace poco estuvo en San Juan, en el partido homenaje a Ortega, mostrando que su magia y su calidad están intactas, más lento, un poco más gordo, pero intacto, hasta se dio el lujo de meter un gol de chilena rememorando aquella acrobacia del Mundialista de Mar del Plata en 1986 frente a Polonia.